Un poco de Historia
"...como moro soy mas
moro
como cristiano cristiano
como bueno soy mas bueno
como malo soy mas malo
soy mas malo que el veneno
toítos le temen al moro
como si el moro tuviera
un bichito venenoso
que a la gente se comiera".
Cante Popular
Durante el siglo VIII, la impetuosa civilización islámica
de Oriente se desbordó hacia Occidente a través
del norte de África. Una serie de grupos y familias nobles
árabes venidas del este, y de grupos bereberes procedentes
del Magreb, se asentaron en España, parte de Italia y Francia.
Este avance territorial no significó una ruptura total
con la cultura imperante, la hispanogoda, sino que ambas se entroncaron
compartiendo la misma coordenada, sin grandes traumatismos dando
un resultado muy peculiar. Uno de los momentos de mayor florecimiento
cultural para la humanidad: Al-Andalus.
La extensión de esta civilización modificó
varias veces tanto sus fronteras como su régimen político:
de los califatos a los reinos de taifas y dinastías norteafricanas
hasta que finalmente, en el Siglo XV, el territorio de Al-Andalus
quedó en las manos de los reyes católicos.
Después del florecimiento de la civilización de
Al- Andalus, tradición de entendimiento y de convivencia
entre españoles de distintas creencias, Isabel la Católica
decide expulsar a todos aquellos que no se ajustaban al modelo
de “español” que querían bajo su reino.
Los musulmanes (mudéjares) se vieron forzados a acudir
a la pila bautismal bajo la amenaza de la expulsión y el
acecho de la hoguera. Inicia un periodo de conversiones forzadas,
dando a luz a una nueva identidad: el morisco o cristiano nuevo.
Así se le denomina al musulmán bautizado que, al
acabar la conquista, permanece en España.
Los Moriscos pese a su conversión, sufrieron
una fuerte represión una persecución encaminada
al aniquilamiento de su identidad cultural. La corona intentó
obligarles a perder sus “funestas” costumbres entre
ellas la del baño y la celebración de sus acontecimientos
familiares. Quedó prohibida la oración coránica
y la ejecución de sus oficios tradicionales. No toleró
el uso de su vestimenta ni de su lengua, la algarabía.
Les prohibió reunirse en públicamente o en privado,
danzar y hacer cantares de moros, zambras, leylas o canciones
con “instrumentos prohibidos”. (aquellos de origen
oriental),.así como cantar lo nuevos romances de la expulsión.
Todo rasgo que recordase a la “pesadilla” de Oriente
fue perseguido por la corona.
El Santo Oficio persiguió a los moriscos alentados por
la ambición de sus principales denunciantes: los “cristianos
viejos”. A quienes les correspondía un tercio de
los bienes del las víctimas.
Los moriscos que emigraron al Magreb, fueron
mal recibidos, sospechosos por su pasado en España. Pese
a la persecución, algunos decidieron regresar a la península
para hacer una vida trashumante y clandestina.
En el nuevo modelo de “español”
que Isabel la Católica proponía, también
resultaban poco convenientes otras etnias que vagaban en su territorio:
los gitanos y los judíos. El cristiano viejo, en su voraz
persecución y sin distinción alguna para discriminar,
llegó a nombrar a éstos grupos marginales de manera
genérica como gitanos o moriscos, sin importar su procedencia.
De forma clandestina y subterránea, moriscos, berberiscos,
gitanos y judíos coincidieron y convivieron en Andalucía,
(o Vandalucía, la de los vándalos) y la opresión
de la corona mezcló sus cantos y temores. Reinventan los
códigos musicales y literarios. La música oriental,
de refinamientos cortesanos se transforma y adapta al gusto del
pueblo que moldea su forma artística, dotándola
de una identidad muy peculiar. No solo la música lastimera
y triste que revela sus pesares y su condición de perseguidos,
sino también la festiva que les sirvió para el olvido
de sus pesares...Algunos le llaman Flamenco.
Lila Zellet Elías
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