Una noche, se iluminó el escenario rojo y apareció
Lila Zellet envuelta en velos
en medio de toda esa algarabía, desde entonces mi corazón
se unió a ese latir gitano.
Añoraba ser Maria Conesa, sacudirme como Tongolele y envolverme
en plumas como Ninón Sevilla; ante el susto de verme convertida
en una vedette como proclamaba,
mi madre corrió a inscribirme a ballet, pero yo preferí
mezclar el polinesio con el japonés; el encanto por el
escenario me llevó a las muestras teatrales,
con mi compañía obtuve un Premio Nacional representando
el Popol-Vuh,
que nos recompensó con un curso de actuación en
los Talleres del INBA.
Danzo con sentimientos de nostalgia, ilusión y esperanza
que se mezclan con mi extraña locura.
Danzo con todas ellas y me afloran la fuerza y el coraje que sucumben
ante las notas de los músicos, en la complicidad que nos
une en esta pasión.
Una noche conocí a Lila……. y desde entonces
vivo agradecida con la vida
por haberme acercado a Francisco Bringas, quien con su eterna
paciencia me enseña a tocar,
a los músicos por hacerme vivir momentos especiales.
Mi infinita admiración y estima a Lila Zellet, por enseñarme
a ser todas esas mujeres en una, y sobre todo, por mutarme en
una Ibekai totalmente más viva y plena.