Es una forma de expresar los sentimientos profundos del alma que todo
ser humano trae a cuestas. La música, el canto y la danza nos
guían a través de diversos caminos que confluyen y/o se
enlazan entre si permitiéndonos encontrarnos con nosotros mismos,
con nuestros semejantes es decir, con todo un pueblo y una cultura.
Cantos, música y danzas de libertad, sueños, lágrimas
por el amor perdido o añorado, amor y pasión, olvido,
enojo, alegría de vivir y saber que existes, sentimientos que
muchas veces se encuentran ocultos o perdidos en los rincones del ser
humano y que gracias a estas artes tan bellas puedes mojarte en su manantial
infinito y expresarlos.
Me permiten sentir, poder decir que mi imaginación danza arrastrada
por el viento en noches de plenilunio, al abrigo de la hoguera, o al
compás del derbake, al canto melancólico del violín,
o al sonar de los crótalos, al palmear de las manos en noches
estrelladas, al escuchar las dulces o bravías notas de canto
y de ojos moros que inquisidores observan e invitan a perderse en esta
danza sin fin.
De mis maestros (en particular el agradecimiento y la estimación
a Lila Zellet Elías por su paciencia) y de mis compañeras
el agradecimiento por el aprendizaje, la convivencia que día
con día me recuerdan que soy una o muchas al estar con ellos.
