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Soy antropóloga. Pero desde mucho antes, la música y la danza han sido acompañantes fundamentales a lo largo de mi vida. La búsqueda comenzó con el ballet, y más tarde –y conscientemente- con el flamenco y la danza polinesia. En extraños giros la vida me llevó a Madrasat Al Mosharabía y a Lila Zellet. Mi danza es por el placer de expresar con el cuerpo cosas que no puedo o no sé expresar en otro lenguaje, por la magia de compartir este lenguaje de mujeres, y crecer entre mujeres, y por el hechizo que puede engendrar esta música y esta danza gitana en quienes la vivimos. Por el recuerdo de quienes nos enseñaron a amarla.
Y porque sentir esta música y esta danza es sentir la vida misma, en todas las tonalidades en las que los hombres y mujeres sabemos sentir. |