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Lila Zellet Elías en un ensayo con Egiptanos en La Leva |
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Perla Elías Némer. Esta es una foto que mi hermana envió, desconozco el nombre del fotógrafo..
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Antes que nada soy sólo éste que ves. Procuro las unidades pues mis trastornos multipolares me cambian el nombre con frecuencia. Mis apellidos efectivamente son mis apellidos. (Elías, como el nombre, pero el mío es apellido.) Elías Némer fue la familia vino de Líbano con la promesa de una Tierra próspera y también con la amenaza de los Alejandro (también apellido y casi Capuleto,) parientes de mi bisabuela Rosa, ya que estaba destinada a casarse con otro paisano de Kfar Aqqa, El Koura, que no era Constantino, el primer Elías con quien ella llegó a América.
Te digo que tengo varios nombres porque soy Pepe, el hijo mayor de Lucila y José Inés y también soy indio mexicano. Tan indio como que mi abuela paterna era purépecha, se llamaba Adolfa y cantaba cuando hablaba, tuvo 17 hijos y si eso no es trascendencia, ignoro qué podría serlo.
Me fui al desierto a buscar mi nombre mexicano. No lo encontré pero en ese momento comencé el largo camino para llamarme fotógrafo. Me fui al mar y a la selva sin conocer remedio alguno contra la mordedura de lagarto, de serpiente o de Pepe, soy un inconsciente.
Y lo encontré en una montaña que miraba el cielo del Valle de Anáhuac. Una noche completa de luna llena aguardé frente a la cañada. Cuando las piernas verdaderamente tuvieron la rigidez de un tronco, cuando las ansias ya habìan abandonado a los relojes, el Shamán asentó con la cabeza. Tendrìa que ser blanco como la luna y la metáfora del canto que no habìta en mi voz pero que encuentra palabras. Coyote Blanco. Cuando supe lo del coyote no pude evitar recordar en la imagen del de los dibujos animados. Me sentì un tanto ridìculo al estar destinado a perseguir correcaminos y a sufrir los embates de cajas fuertes sobre mi cabeza o explosivos marca ACME. Pero un poco después el oficio me dio las palabras y las imágenes. Coyote porque puedo ser el que escribe de sus vergüenzas, pero también el hacedor de silencios que corretean al aliento y encuentran emociones, recuerdos y cuando anda de suerte, a la imagen poética.
Este soy yo, el que fue a ver a su hermana a Roma y se trajo un derbake gris de Mohamed Abdalla. Soy el que empezó a estudiar derbake con Saúl Espinoza y encontró al maestro en Francisco Bringas con todo y Tabla Hindú. El coleccionista de percusiones. El que todas las noches practica de nueve a diez. El necio. El más necio. Soy el haye-alumno de Fadi El Saadi, el cajón flamenco en manos de Alejandro Garcilazo "El Chapín", soy el de la banca de atrás cuando el balaor Ricardo Rubio enseña la estructura del flamenco, el observador de Gabriel Elizondo cuando me enseña el compás sentido en su guitarra flamenca e improvisamos con saidis que nos pesan en el alma, el más nuevo aprendiz de violín de David Tobin y la pesadilla de cada uno de ellos por preguntar, preguntar y siempre preguntar.
Cuando recibo el nombre de fotógrafo o guionista, me exijo todo. Como aprendiz de músico no tengo más que disfrutarlo. ¿Ahora me crees que efectivamente los nombres confunden?
Tú no sabes lo que yo les agradezco a mis gitanillas el que corran el riesgo de la humilde base en mis manos. Aún nadie ha salido lastimada pero estoy seguro que ha de ser porque conocen y practican a la perfección el arte del correcaminos.
José Elías Némer
Ciudad de México, septiembre, 2007.
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