La danza y la música son el río que me llena y
fluye en mí. Me da vida, me hace más feliz y más
completa. Son como un eco de risas en medio de mi llanto, y han
sido mis amigas en mis momentos más tristes. Las respeto,
las venero, las cuido, las amo, aunque haya veces en que no las
entiendo; tal y como me pasa conmigo misma. Me separo de ellas,
me enojo con ellas, pero he terminado por descubrir que sin ellas,
no soy yo. Estoy viviendo un sueño, de colores, de faldas
largas, de espejos centelleantes, de derbakes, grandiosas cuerdas
y dulces voces. En este solitario camino que me ha tocado para
andar, donde las lágrimas han sido muy constantes y donde
hay días que son muy duros de enfrentar, ese camino donde
he pedido muchas veces una luz, me trajo aquí, y es porque
la vida, la tierra, mi alma, mi dios, me hablan y me dicen que
escuche y que baile, porque vale la pena seguir…