Ana Paula Zamora

Psicoanalista

Cuando pequeña para mi la danza era como el color violeta, tan hermoso como difícil de descifrar, ya que la izquierda y la derecha siempre me han resultado un horizonte desconocido y así, con toda la incomprensión me di a la tarea de aprehender el sentido de una gamma de emociones en movimiento; a lo lejos y desde las butacas de los teatros me llenaba de pasión observar a las bailarinas, y con ese sueño en mente continué mi vida, ya habría tiempo, ya llegaría el momento.
Sucedió en Sindicalismo 78, cuando venía cargando algunas angustias de vida, algunas enfermedades del alma y me encontré en casa, tierra de hembras como el relato de siempre, pues de mi padre solo guardo la sangre de oriente y la necedad de mi pie izquierdo. El camino ha sido cuesta arriba y en ocasiones cuesta abajo, basta nombrarlo para que suceda, a veces con alegría y otras con llanto, pero lo que jamás ha perdido es la pasión y la comprensión de que la danza al día de hoy me vulnera tanto que me hace grande. Gracias Lila, gracias a todos mis maestros, a mis compañeras y a los músicos que hacen posible que este deseo se siga haciendo realidad