Bailo porque me siento libre, porque en cada movimiento, en cada
sonido, me desprendo de inhibiciones, de situaciones difìciles
o complicadas, de las decepciones o frustraciones, del mal humor
o los problemas. Bailo porque en cada sonido que toca mi corazón
soy capaz de convertirme en lo que yo quiera, en ser yo misma
porque es una de las tantas maneras de encontrarme en esencia
y descubrir la verdad en mis ojos. Bailo porque logro transmitir
y expresar lo que mis palabras intentan pero no consiguen, bailo
porque la danza me hace ser yo misma, sin pretensiones o caretas,
porque me hace sentir humilde ante el simple hecho de algo tan
básico como el movimiento de mi cuerpo; porque despierta
en mi demasiadas cosas.
Si no se llamara danza, su nombre sería libertad, pasión,
honestidad, humildad, amor, color, paz, verdad o alegría.